Diversidad Cultural

 

HISTORIA DE LORETO

 

La historia de Loreto, antes de la llegada de los españoles y durante gran parte del periodo colonial, es desconocida. Apenas se sabe que allí vivían numerosos grupos indígenas pertenecientes a las familias lingüísticas Jíbaro, Tupi-Guaraní, Huitoto, Arahuaca, Yagua y Pano. La evolución pre-hispánica de las relaciones entre esos grupos no ha sido documentada. Obviamente debió ser muy agitada, tal como lo demuestran las poblaciones de diferentes orígenes que en distintos momentos de la historia confluyeron en el territorio de Loreto. Lo que se sabe es que, a pesar de que Loreto era teóricamente parte del Antisuyo incaico, los grandes desarrollos culturales andinos no tuvieron mucha relación con esos pueblos, lo que sí ocurrió con los localizados en lo que hoy son los demás departamentos amazónicos. Existe la posibilidad de que, como se ha constatado en Brasil, algunos de esos pueblos, en especial los ubicados en las varzeas (áreas ribereñas del Amazonas) desarrollaran culturas relativamente avanzadas a partir de la mayor fertilidad de esas tierras, permitiendo la acumulación de excedentes agrícolas y la formación de poblaciones importantes, como las que Orellana encontró durante su expedición al Amazonas. Ese es un tema que debe ser investigado en el Perú.

 

Como bien se sabe, el primer europeo que llegó y “descubrió” el río Amazonas, en 1542, fue Francisco de Orellana, uno de los lugartenientes de Francisco Pizarro. Los españoles no impusieron efectivamente su dominio en la Amazonía. Esa región, inclusive la que hoy se llama Loreto, era parte del Virreinato del Perú y su administración correspondía a la Real Audiencia de Quito. En esa calidad, lo que hoy es Loreto pasó a ser parte del Virreinato de Nueva Granada. Quito no tuvo más interés que Lima en ese territorio selvático. Los que representaron a España en Loreto fueron, en verdad, los misioneros jesuitas, dominicos y franciscanos que organizaron la evangelización de los indígenas a partir de Quito o de la ciudad de Moyobamba, que dependía de Lima. Es solo en 1802 que, al formarse la Comandancia General de Maynas y Quixos, que Loreto (que por entonces abarcaba un territorio mucho mayor que el actual) regresó formalmente al Virreinato del Perú, con Moyobamba como su capital.

 

La historia republicana de Loreto es compleja. Comenzó ganando cierta autonomía con nombre propio y luego su tamaño fue siendo reducido, a medida que sus territorios con acceso terrestre al resto del Perú ganaban influencia. Así, comenzó siendo parte del departamento de La Libertad, pero en 1832 pasó a depender del nuevo departamento de Amazonas, con sede en Chachapoyas. En 1853, el gobierno escindió de Amazonas la provincia de Maynas, que fue recategorizada como Provincia Fluvial de Loreto y luego, en 1861, como Departamento Marítimo y Militar. Finalmente, el 7 de setiembre de 1866 fue creado el departamento de Loreto, cuya capital era Moyobamba. En noviembre de 1897, el gobierno nacional escindió parte de Loreto para crear el departamento de San Martín, designándose a Iquitos como su capital. Los conflictos con Colombia concluyeron, asimismo, con una reducción importante del tamaño de Loreto. Más recientemente, en 1980, Loreto perdió su parte sur, es decir la cuenca media y alta del río Ucayali, que se transformó en departamento con el mismo nombre. En la actualidad, Loreto abarca casi 37 millones de hectáreas.

 

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El territorio actual de Loreto, desde la llegada de los europeos, ha sido objeto de ciclos de explotación de sus recursos naturales que han marcado a su pueblo y su territorio. Al comienzo y durante varios siglos, los aventureros solo buscaban oro y piedras preciosas, mientras que los evangelizadores católicos buscaban almas. En ese periodo, el impacto fue esencialmente de tipo social a cargo de los misioneros que, para atender sus objetivos proselitistas y garantizar su seguridad, movilizaron poblaciones indígenas de un lugar a otro. Esa situación, específicamente para Loreto, se mantuvo hasta la independencia y durante buena parte del siglo XIX, en que comenzó a sentirse la presión de aventureros brasileños que llegaban surcando el río Amazonas.

 

En 1854 se instaló en Iquitos, por entonces constituido por unas pocas chozas, un apostadero y una factoría. En esos años, comenzaban a navegar los primeros vapores fluviales y empezó la explotación de recursos naturales, en especial madera fina y productos no maderables, como el aceite de palo rosa y también pieles y cueros. Para viabilizar esas extracciones, se asentaron los primeros habitantes que eran una mistura de sangre peruana y brasileña y, claro, indígena. Fue en ese periodo, previo al ciclo del caucho, que los impactos ambientales comenzaron discretamente.

 

Entre 1880 y 1910, aproximadamente, se desató la fiebre del caucho. Fue en este periodo durante el cual Iquitos se transformó en una ciudad importante y se erigió como el principal puerto fluvial peruano para el acopio y embarque para exportación de materias primas colectadas en toda la cuenca del Amazonas. También es a partir de ese momento que el impacto de las actividades humanas en la naturaleza loretana comenzó a ser importante. No con la violencia con que una parte de la sociedad maltrató a la otra, en este caso los indígenas, a consecuencia de los intereses de personajes como Arana (Lagos, 2005) pero sí datan de entonces los primeros pasos de la degradación del bosque, con alta mortalidad de árboles de caucho y la caza indiscriminada para mantener a los trabajadores o divertir a sus patrones.

 

Cuando la competencia del caucho cultivado en Asia bajó sus precios, terminó el ciclo del caucho pero aparecieron otras oportunidades importantes. Entre ellas, la explotación del palo rosa, de la tagua, del jebe débil y de otros látex (ojé, leche caspi, balata) con demanda internacional. En 1952, por ejemplo, se produjeron 128 TM de tagua (MINAG, 1955). En muchos casos, como con el palo rosa, la extracción implicaba destruir la planta, incrementando la degradación del bosque. En el largo interludio entre el boom del caucho y el primer boom del petróleo, en los años 1970 se desarrolló con fuerza creciente la explotación de madera fina, en especial caoba y cedro, y se incrementó, hasta niveles hoy inimaginables, la explotación de la fauna silvestre para exportación de cueros (lagartos negro y blanco, sajino, huangana, venado, entre otros) y de pieles finas (otorongo, lobo de río, tigrillo, nutria, etc.). En ese lapso hubo, asimismo, un ciclo breve de explotación de tortugas de río, en especial charapas, que llevó su población a niveles exiguos. Finalmente, debemos mencionar que ya en la década de los años 1940 comenzó a ser considerable la exportación de animales vivos, en especial aves y peces coloridos.

 

El pueblo loretano, en realidad el pueblo de Iquitos, insuflado por el apogeo del caucho y constatando que Lima, en lugar de ayudarlos los explotaba, se rebeló en 1896 contra el gobierno de Piérola, quien debió enviar a esa ciudad un navío a través del Estrecho de Magallanes para debelar las pretensiones separatistas. Al terminar el periodo del caucho y hasta comienzos de los años 1940, Loreto entró en un periodo que algunos llaman de depresión pero que, en realidad, como arriba se menciona, fue de intensa explotación de recursos naturales renovables. Esta explotación era dirigida por patrones, muchos de ellos ribereños más ricos, que continuaron, en cierto modo, las prácticas de los caucheros enganchando, en condiciones inadecuadas, a grupos indígenas cercanos para zafras de madera y de otros productos, así como para la caza y para iniciar cultivos, entre ellos los de yute y barbasco en las tierras aluviales.

 

En 1911 se produjo una escaramuza entre fuerzas peruanas y colombianas que llevó a las negociaciones del Tratado Salomón-Lozano de 1922, que transfirió a Colombia el interfluvio entre los ríos Caquetá y Putumayo así como la ciudad de Leticia, que había sido fundada por peruanos en 1867. En 1932, un grupo de peruanos “recuperó” el llamado Trapecio Amazónico y la ciudad de Leticia, iniciando la guerra colombo-peruana que duró hasta 1933 y que concluyó con la derrota peruana y la ratificación del Tratado Salomón-Lozano.

 

Entre 1935 y 1940 se produjeron escaramuzas con Ecuador, varias en o a partir del territorio loretano, que culminaron con enfrentamiento serios en el lapso 1941-1942. Como bien se sabe, su último episodio, entre varios otros intermedios, fue el conflicto del Cenepa en 1995 que, en realidad, se produjo esencialmente en territorio del departamento de Amazonas.

 

La búsqueda de petróleo en Loreto comenzó seriamente a fines de los años 1960 y se consolidó en 1971, cuando fluyó el crudo del pozo Corrientes X-11 en el río del mismo nombre, que es un afluente del río Tigre. Con Petroperú y la Occidental Petroleum comenzó, pues, un nuevo ciclo de dudosa prosperidad para Loreto que trajo otra vez severas implicaciones para el pueblo indígena y para el patrimonio natural, en especial debido a la degradación de sus ríos y bosques. Como bien se sabe, este primer ciclo del petróleo entró en decadencia en los años 1990, con una gran caída de la producción, y es solo a partir de la década pasada que, ayudado por la coyuntura internacional, está retomando fuerza en Loreto.

 

[DOUROJANNI, M.: 2013: Loreto sostenible al 2021. Lima, pp. 64-67]