Economía y Desarrollo

 

AMAZONÍA, ECONOMÍA DE MERCADO Y FRENTES ECONÓMICOS

 

La incorporación de la Amazonía a la economía de mercado es central en el análisis de “frentes” y “fronteras económicas”, desarrollado particularmente por Santos (1991). Es pertinente anotar que el análisis de los procesos de ocupación y transformación del espacio amazónico así como de construcción social de espacios socio-económicos han sido abordados, con distintos énfasis, por Ribeiro (1970); Chirif (1975); Uriarte (1975); Bedoya (1981); y Barclay (et al. 1991).

 

Los conceptos de „frente? y „frontera? aluden a fenómenos característicos de la expansión de una economía de mercado en territorios no vinculados o vinculados débilmente a su esfera. Al respecto, Santos (1991) definió como frontera “…la línea, no necesariamente continua o permanente ni en el espacio ni en el tiempo, que separa aquellas áreas en donde imperan formas de producción mercantiles de aquellas en donde aún no se han desarrollado”. Asimismo, definió por frente “… la forma como es que la economía de mercado se hace presente en una determinada área, originalmente no vinculada a su esfera” (Santos 1991: 229).

 

Se distinguen, al respecto, frentes extractivos de frentes productivos. Los primeros están estrechamente asociados a los ciclos o auges de extracción de determinado recurso (cascarilla, caucho, balata, madera, petróleo, etc.) y una de sus características es su alta movilidad y dificultades para fijar de modo permanente población en los territorios ocupados temporalmente. “Por lo general el carácter de los frentes extractivos no alienta la formación de frentes demográficos estables.” (Santos 1991: 244).

 

Los frentes productivos están estrechamente asociados con los procesos de colonización agropecuaria. La principal diferencia respecto de los frentes extractivos, es que los frentes productivos “… tienden a fijar la población en el lugar creando fronteras demográficas más estables. Por lo demás, al no depender de los recursos naturales pre-existentes (salvo el recurso tierra)… al requerir de ciertos servicios comunes a todos los productores, los frentes productivos tienden a organizarse de acuerdo a patrones de asentamiento más concentrados.” (Santos 1991: 251).

 

La noción de frentes económicos ha venido siendo clave en la construcción del conocimiento sobre los procesos de incorporación de la Amazonía a la economía de mercado, en tanto los frentes de expansión se han dado fundamentalmente penetrando en territorios de los habitantes originarios de la región, de las sociedades indígenas existentes (Santos 1991). 

De modo específico, un análisis de frentes económicos para el largo período 1870-1980 distinguió la evolución y dinámicas de los frentes extractivos y productivos considerando como un criterio diferenciador geográfico la división de la Amazonía peruana en Selva Alta y Selva Baja. Se sistematizó y procesó información para 8 espacios subregionales: Loreto, Ucayali, Madre de Dios; Jaen-Bagua-San Ignacio; Centro y Bajo Huallaga (Selva Baja); y Alto Huallaga; Chanchamayo-Satipo-Oxapampa; Apurímac; La Convención y Tambopata (Selva Alta).

 

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Lo sustantivo de los conceptos de “frente? y “frontera” económicas han sido recogidos y ampliados en recientes estudios aplicados en determinados espacios amazónicos específicos para caracterizarlos actualmente. En el caso del departamento de Madre de Dios, se consideró que “en términos generales, la conjunción de estas cuatro variables –tipo de población, actividad económica, inserción en el mercado e impacto ambiental– sobre un espacio geográfico determinado, definen un frente económico... … Los límites entre un frente económico y otro constituyen las fronteras económicas” (CTAR MDD / IIAP 2000: 26).

 

La vigencia de estos conceptos obedece a la persistencia de patrones de acumulación primitiva de capitales que en la Amazonía sigue ocurriendo hasta el presente, basada en la disponibilidad de determinado recurso que temporalmente es demandado por el mercado. Otro factor es que porciones territoriales con poblaciones indígenas amazónicas aisladas o dispersas, no se encuentran articuladas e incorporadas a la economía de mercado o se encuentran de modo igualmente temporal y precario según los ciclos y precios de los recursos explotados. Es decir, a modo de “fronteras elásticas” de las economías mercantiles sobre territorios indígenas (Moore 1985). Amazonía, colonialismo interno o desarrollo sostenible

 

En un análisis sobre las políticas de desarrollo enfocadas en la Amazonía hace una década atrás, Dourojeanni (1990) hizo un balance sobre las diversas opiniones sobre el porvenir de la selva y las diversas ideologías geopolíticas frente a esto, distinguiendo entre los expansionistas y los prudencialistas.

 

El expansionismo hacia la Amazonía se relaciona con las políticas de desarrollo que, sobre todo, se implementaron durante los años 70 y 80. Las expresiones más obvias de estas ideologías –indica este autor– fueron la Carretera Marginal de la Selva, el establecimiento del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), la presión de interconectar la vialidad de la Amazonía peruana con la brasileña, la pretendida interconexión fluvial de la cuenca del amazonas con el Orinoco y la Plata, la construcción de inmensos lagos artificiales en la Amazonía, etc. Las políticas expansionistas se fundamentaron en las posibilidades de recepción de corrientes migratorias y la ocupación “efectiva” de ese territorio basado en la “disponibilidad de recursos naturales”; en especial, en la disponibilidad de tierras aptas para la producción agropecuaria. Sin embargo, quienes las propugnaron no aportaron evidencias que sustenten dichas posibilidades, careciendo de análisis económicos. Adicionalmente el expansionismo, además de ignorar las evidencias sobre el verdadero potencial de los recursos naturales, también parte de suponer la existencia de un enorme vacío demográfico. Además, no reconocen ningún derecho especial a los pobladores nativos y no desarrollaron estudios sobre la tenencia de la tierra y los procesos migratorios (Dourojeanni 1990).

 

Una lectura crítica y prudente de estas políticas ha sido desarrollada por diversos analistas, incluyendo el propio Dourojeanni (1990). La evaluación de los modelos de desarrollo aplicados a la Amazonía, basados en el supuesto de ésta como un “espacio vacío”, en la que –se presume– existiría una abundancia de suelos aptos para la agricultura, que pueden ser colonizados y que, literalmente, puede aliviar los álgidos problemas de acceso a tierras y crecimiento demográfico en otras regiones del país, particularmente en la sierra altoandina, han sido numerosos y fueron sistematizados y difundidos particularmente por Brack. Los grandes mitos de la "homogeneidad" del espacio amazónico ("inmenso infierno verde"); de la "riqueza amazónica"; del "indígena freno para el desarrollo" y de la Amazonía como "región desfogue" han dificultado la comprensión de su realidad y la adecuada implementación de políticas de desarrollo. La Amazonía ha quedado librada a las fuerzas del mercado produciendo booms en torno a determinado recurso (caucho, madera, petróleo) aunque con considerable apoyo e inversión pública (Brack 1992) (3). La lectura crítica del desarrollo de la Amazonía, tipificada por asalto y sin planificación, cuestionable no sólo en términos ambientales sino también sociales y económicos, ha llevado a la necesidad de pensar nuestras estrategias de desarrollo para la Amazonía. Al respecto, este último autor ha señalado dos líneas de trabajo: (a) Dar alta prioridad a las áreas colonizadas e intervenidas; y, (b) Desarrollar nuevas alternativas de uso económico para las áreas con escasa o ninguna intervención (Brack 2001).

 

Este tipo de enfoques fue recogido posteriormente en trabajos aplicados a toda la Amazonía continental, postulándose dentro del enfoque central del desarrollo de ésta la cuestión de su sostenibilidad ambiental y social (BID-PNUD-TCA (2002). Es pertinente recordar que la conceptualización primaria del desarrollo sostenible se conecta, a su vez, con la noción de conservación, que en su formulación inicial alude no sólo al mantenimiento de los procesos ecológicos esenciales y la preservación de la diversidad genética sino también al aprovechamiento sostenido de las especies y los ecosistemas (UICN, PNUMA, WWF 1980).

 

Otro asunto es saber en qué medida este tipo de proposiciones fueron tomadas en cuenta. De otro lado, es menester recordar que durante el régimen del Presidente Fujimori se disolvió el Instituto Nacional de Planificación. Las transformaciones introducidas con las reformas en la economía y la política, ofreciendo un modelo neoliberal para el sector moderno y empresarial que generaba poco empleo y mucha pobreza y por otro lado ofrecía asistencialismo y populismo para los sectores más pobres, alcanzó igualmente a la Amazonía. Las propuestas en mención se enlazan con la emergencia del concepto de desarrollo sostenible (4). Este emergió en los años 90, incorporándose en el discurso oficial durante los debates de la Cumbre para la Tierra, reunida en Río de Janeiro en 1992. Progresivamente, este concepto fue desarrollándose y adquiriendo carta de ciudadanía, enriqueciendo las perspectivas de investigación científica –natural; social– así como incorporándose en las políticas públicas.

 

Un ejemplo de ello y para el caso de la Amazonía peruana es que después de desaparecido el Instituto Nacional de Planificación, el Instituto Nacional de Desarrollo (INADE) avanzó lineamientos para el desarrollo de la Amazonía, en un esfuerzo por proporcionar algunas bases técnicas para el desarrollo sostenible de la Amazonía peruana (INADE 2001). Sin embargo, éstas no se formularon enfocándose de modo diferenciado en las situaciones de alta intervención humana respecto de las áreas con escasa o ninguna intervención (5).

 

Además, se promulgó una norma explícita para el desarrollo sostenible de ésta, cuyos alcances prácticos parecen poco claros. De allí el cuestionamiento que desde ciertas perspectivas se hace actualmente al uso y abuso del concepto de Desarrollo Sostenible como simple “clisé” atenido a la moda proveniente de los foros internacionales, sin mayor relación sustancial con el fondo de la noción. Otros trabajos han enfocado su atención a los procesos de construcción de „espacios regionales? –sin necesaria relación con el concepto antes enunciado– para Loreto (San Román et.al. 1976; San Román 1994; Barclay 1993) y Loreto y Ucayali (Santos 1992).

Desde otras perspectivas, principalmente etnohistóricas, se ha buscado entender las relaciones entre Andes y Amazonía; en este caso, las aproximaciones consideran de modo general todo el universo geográfico amazónico, selva alta y selva baja (Renard-Casevitz et.al. 1988; Santos 1990).